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martes 15 de noviembre de 2011

Sentencia del gran oficio

Como una muestra de locura y maldad, ha llegado hasta mí una sentencia dictada a pedido de los progenitores del gran oficio, del pulso de pasiones definidas en un gran secreto, y de rotundos patrones que llamo: “pesas fuertes”. No tengo dudas sobre las consecuencias de mis actos, pero ¿que alguien me lo pida? ¡Es un escándalo!

Trato de defender canciones y poemas, trato de ser sin mirar al lado, trato de hacer lo correcto pero ninguna de estas cosas puedo, porque hago lo que creo, lo que siento y lo que quiero. No distingo maldad en esto, tampoco son actos de bondad, son más bien actos de esquivo y fruncido ideal, por mi viejo, triste y alegre ideal. Mi viejo amigo, mi divulgada pena, mi llanto inicial, mi alegría idiota…la otra también.

Sentencia de estrategias pagadas, sentencia de caos y calamidades fortuitas, giran y vuelcan sobre sí un sin rumbo de sensaciones.

Quieren declararme culpable y que actúa ahora como asesino a sueldo por la ciudad de los desencantos. Un asesino de cuerpos y abrazos, de besos malgastados, de escritos no publicados, de actos realizados.

Me declaro intransigente, inequívoco ante la las consultas y enemigo del mandato intransigente. Contesto entonces que no lo haré, que no soy quién para ser un anti-justiciero, de malditos cobardes que tratan de vivir y de consentir a una voz, a una imagen.

Si creen que lo que hice con alevosía, tal vez, un poco, un llanto y un perdón. Soy una historia que escribo para otros, soy para ti como para mí.

¡Canten ya el veredicto! Láncenlo y lo maldigo, ahora, una y cien veces más. Existo ahora y no me arrepiento, aunque te espere, aunque te descubra otra vez… entonces cambiará el planeta y mi lección tocará más temas de de guitarras alegres y conciliadoras.

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