Entre encuentros casuales y extraños giros idiomáticos de nuestra lengua, aún podemos encontrar gestos indómitos que nos recorren el alma como queriendo ser parte aún, de un legado que poco a poco vamos olvidando. Es así como un giro insospechable de impasividad intelectual y de hangares fraternales, me han llevado a redescubrir los rincones de nuestra esencia, de nuestra incomprendida realidad que busca terreno en la desesperada contienda que protagoniza un país y su naturaleza, no tan solo de flora y fauna, sino de una más importante y, en este caso, dispensable, la humana.
Comprendiendo este extraño ejercicio en el cuál me he planteado proyectos y desilusiones, logro a la vez completar una parte en mi propia desconfiguración, hablando computacionalmente, o fragmentación, para también mencionarlo sicológicamente.
Como intención es buena, como idea país, mejor aún, como funcional, puede llegar a ser un ente decodificador de nuevas realidades, pero hay que tener cuidado con develar la problemática actual del hombre terrenal, del olvidado, del ciudadano que otorga vida y muerte a su quehacer diario, a su sustentación y su pérdida de ideales concretos.
¿Será entonces que tendré que olvidar un cuadro pintado para ser resucitado? Ha sido el ingenio y la vida de otras personas las que me han llevado a velar por éste mi nuevo proyecto, un camino fundacional empírico de la nueva mitología, de la que aún se puede rescatar, y no es sino a través de otros brazos más generosos, que pondré mis sentidos esfuerzos a que esta campaña pueda legar lo que para mí es esencial para mi devenir.
Proyecto entonces luces multicolores que inviten a los más estimados caballeros, a las más distinguidas almas, a los más inciertos seres y a los soñadores de siempre a intervenir de una u otra manera en este acontecimiento civilizado, de un nuevo y futuro olvido.
Comprendiendo la miseria pero aferrado a lo maravilloso, comprendiendo el mal y sintiendo en mí brillar un intenso calor estelar que pareciese expandir mi ser a otras constelaciones, llevo entonces este mensaje en mi algún día viaje. Sin más que reiterar la esperanza a la cual me sujeto, y prometiendo ser muy concreto en mi devenir, doy la orden de levar anclas y enmarcar este curso como un hermoso porvenir, lugar de aclamaciones externas a personas que viven en el subyacimiento de una raza, que aún otorga algo más que malas decisiones, algo más que un monetario ridículo e incólumes políticas de advenimiento personal.
Hola, y que de las damas? No estan invitadas? Saludos desde NY.
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