Recuerdo cuando hace unos años un colega profesor me mostró un artículo donde se mencionaba los sueldos de los futbolistas en Chile. Tras ver mi cara de molestia, me dijo: “Así no más compadre está mal pelado el chancho”.
Esa frase no la puedo olvidar. Ver esos sueldos estratosféricos por patear una pelota, después de haber estudiado con gran sacrificio, para obtener un sueldo parcialmente digno, causa una gran frustración.
Un profesor recibe como sueldo promedio al mes alrededor de 500 mil pesos. Un futbolista de primera división puede llegar a ganar entre un millón y 15 millones de pesos mensuales, o más. Esto, dejando fuera a jugadores como Alexis Sánchez que ganan cerca de los 227 millones de pesos mensuales. Comparar cuánto ganan por hora un profesor y un futbolista sería una burla. Podría llegar a ejemplos más crudos, como de modelos faranduleras, o de políticos que se llenan los bolsillos, pero no creo que sea necesario.
Ese es el equilibrio que manejamos en Chile. Pero hay que recordar que la culpa no es del chancho sino de quien le da el afrecho, y como vemos, el tema acá cae siempre en lo porcino, aunque si me remitiera al libro Niebla de Unamuno, podríamos decir que un animal no llega a estas atrocidades, eso no es una chanchada, es una hombrada.
Sin embargo, el hecho de que existan trabajos sobrevalorados molesta. Y acá, no va a faltar el que diga que tengo que estar agradecido y que debo darme con una “piedra en el pecho” porque tuve la oportunidad que muchos no tuvieron, porque vivo como muchos no pueden y que por eso justamente debo callar y sentarme, porque soy un privilegiado. Es que claro, qué importan los bajos sueldos, la cesantía, el esfuerzo, el nulo reconocimiento social ante la labor docente, qué importan todas esas trivialidades, tengo lo que muchos no, por lo tanto, mejor quedarme callado, mirar al suelo y seguir avanzando, y nunca olvidarme de “agradecer”. Tontera.
Hoy estoy donde siempre quise. De a poco cosecho lo que sembré. Pero no me he quedado en silencio aunque les moleste a algunos. Lo más probable es que si no han llegado a este párrafo, ya estén maldiciendo con esos clichés de “mal agradecido”, “resentido social”, etc.
El que tenga para comer que no se queje. Porque acá (Chile, la sociedad) hay que ser conformista para encajar. Y pobre del que además tenga “privilegios” y desee y luche por una sociedad mejor. Porque ese tipo es un paria. Un mal ejemplo. Yo lo he escuchado más de una vez que por hablar cosas de sentido común, alguien diga: “comunista de mierda”.
Se me es inevitable recordar grandes obras literarias como “Un Mundo Feliz” (de Aldous Huxley) donde los privilegios estaban preestablecidos desde el nacimiento. Según tu labor serás recompensado, según tu estigma social, que está definido, no por ti, sino por algo más grande, alguien que decidió que los de arriba en la pirámide sean deportistas fracasados, modelos operadas, conductores de una mediocre televisión, empresarios explotadores (no todos, ojo) y nuestra apabullada clase política.
Quienes merezcan lo que tienen, bien por ellos, y ganan mi admiración, pero seamos realistas, muchos no lo merecen. Una vez a un alumno le dije que debía estudiar para lograr ser alguien mejor en la vida y me contestó, sin arrugarse: “usted no entiende que no tengo que estudiar, cuando salga de acá voy a trabajar en la empresa de mi papá”.
Entonces que la gente siga diciéndome que les molesta lo que hablo, porque voy a encarar. Porque no puedo callarme. Porque como dijo Eduardo Galeano: “hemos mantenido un silencio muy parecido a la estupidez”.
Me gustó mucho tu columna... en algunas partes está como.. mal redactada? no se.. pero muy bueno el contenido. Saludos
ResponderSuprimirEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderSuprimir